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SOBRE TARIFAS

febrero 21, 2011

Hoy he empezado un curso de Traducción para el doblaje de dibujos animados.
Cómo no, en la primera clase hemos hablado de tarifas y creo que voy a crear un poco de polémica. Me gustaría cobrar 0,09 céntimos de euro la palabra. Me gustaría, pero no me lo pagan. Soy licenciada en traducción e interpretación, intérprete jurado de inglés (por fin), llevo un año y medio traduciendo profesionalmente (desde que acabé la carrera), me estoy especializando y lucho por encontrar clientes que no me digan que les quiero cobrar muy caro.
Hemos hablado de tarifas ínfimas, de que tenemos que valorarnos, de que hay que tener autoestima (yo de eso tengo mucho, al menos en lo que a trabajo se refiere), de los que revientan el mercado, de saber vendernos (al fin y al cabo todo es marketing en esta vida) y de muchas otras cosas más. Hemos debatido.
La profesora, que lleva muchos años en esta divina profesión, que tuvo suerte y estuvo en el lugar adecuado en el momento adecuado, que no entró en el mercado en una situación de crisis, que tiene ya muchos años de experiencia (y subrayo la palabra porque hablaré de ella más adelante) ha preguntado si alguien había trabajado en el mundo audiovisual y cuánto cobraba por ello.
Una chica, no mucho mayor que yo, que, como yo, compagina este trabajo con otro u otros. Una chica que con menos de 25 años trabaja quizá 14 o 15 horas al día (cuando tiene un contrato por obra y servicio y trabajo de freelance en casa, que probablemente sea lo que realmente le gusta) ha contestado a su pregunta. Entonces ha surgido el debate “eso es muy poco”. Y la chica ha contestado algo parecido a “es lo que me han impuesto”.
Cuando en clase te dicen que no tienes que aceptar tarifas de menos de 0,08 céntimos y llegas al mercado laboral y no encuentras clientes (no directos, ojo) que te paguen nada parecido a esa cifra te chocas de bruces con la realidad laboral.
Yo estoy de acuerdo con la profesora. Somos profesionales. Nos hemos formado. Hemos viajado. Hemos estudiado en el extranjero. Hemos invertido tiempo, esfuerzo y dinero en nuestra formación (y lo seguimos haciendo). Tenemos un oficio y ofrecemos unos servicios que nosotros somos los primeros que tenemos que valorar.
Esa chica que cobra muy poco (tanto como puedo cobrar yo, por eso siento una empatía tremenda) tiene trabajo, hace lo que le gusta, está cogiendo experiencia y estoy segura de que tiene un límite del que no baja. Igual que lo tengo yo con mis clientes potencialmente nuevos. La realidad es que los comienzos son difíciles, que no hemos nacido sabiendo y que necesitamos una oportunidad porque después en las ofertas de trabajo te piden experiencia demostrable en número de palabras traducidas. Y ¿cómo lo demostramos si nunca aceptamos un encargo porque nadie nos paga esos 0,08 céntimos que nos han dicho que tenemos que cobrar?
Estoy segura (ahí está mi autoestima) de que dentro de un par de años o tres no aceptaré los trabajos que acepto ahora y estoy segura de que ganaré más dinero del que gano ahora y de que sabré mucho más y de que puede que les diga a los recién licenciados que no tienen que vender sus tarifas como si fueran melones y el mercado de la traducción fuera un mercadillo y tuviéramos un cartel de “barato, barato” colgado en la puerta. Ya lo digo ahora, dentro de 10 años…
Estoy de acuerdo con la profesora, pero creo que a veces hay que hacer un sacrificio (sobre todo al principio) en pro de un bien mayor, de un futuro mejor. En parte, porque de algo tenemos que comer. No a cualquier precio. Siempre que nos sea beneficioso.
Yo vivo de esto y se me llena la boca cuando lo digo. Poco a poco voy haciendo progresos, contactos aquí y allí. Conociendo a profesionales, a amigos, a colegas. Intento hacer clientes allende los mares, que por allí están mejor las cosas. Con paciencia. Y me sacrifico, sí, pero siento un placer inmenso. No creo que reviente el mercado, me han dado una oportunidad, la he valorado y la he cogido. Los trenes solo pasan una vez en la vida y como dice mi madre “por algo hay que empezar”.
Si estuviera en mi casa, pegada al ordenador esperando a que me llegase el cliente perfecto puede que me muriera esperando. Tengo ambición y soy muy joven, seguro que igual que esa chica que ha desvelado sus tarifas. Conozco a muchos compañeros de carrera que me cambiarían el puesto sin pensarlo dos veces. Otros no, otros que preferirían ser cajeros de supermercado antes que coger una oportunidad para traducir (la carrera para la que llevas formándote al menos durante los últimos 4 años de tu vida) en la que te pagaran poco, o algo que tú consideras muy poco. Yo nunca le pediría a un cliente directo mis tarifas para agencias de traducción.
Mientras me llega esa oportunidad, que a otros en otro tiempo y en otras circunstancias socioeconómicas les llegó más fácilmente, seguiré cogiendo los trenes a los que me quiera subir. Por lo menos puedo sentirme orgullosa de lo que hago, todavía no tengo hijos que mantener. Estoy segura de que se puede vivir holgadamente de esta profesión, solo hay que tener paciencia y meter la cabeza. Y eso es lo que yo estoy intentando hacer. Estoy segura también de que mi profesora no cobraba cuando empezó lo mismo que ahora.
Con experiencia podremos pedir siempre por lo alto, ya habrá tiempo de bajar. Yo soy de las que piensan que hay que empezar la casa por los cimientos e ir subiendo poco a poco hasta poder poner tejas y bailar sobre ellas.

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