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Mi experiencia veraniega

septiembre 27, 2011

Hoy os quiero hablar sobre mi experiencia veraniega. Como ya sabéis muchos, intento meter la cabeza en el mundo de la traducción y la localización de videojuegos así que el año pasado decidí probar suerte en EA. “El trabajo de mi vida” estaréis pensando muchos. Conseguí entrar, trabajé allí casi los 3 meses de verano y luego volví en enero y he vuelto este verano. El verano pasado entré con muchísima ilusión. Me gusta el trabajo de tester de localización. He aprendido muchísimo. Pero no escribo esta entrada para hablar del trabajo de un tester (si queréis saber más podéis leer aquí http://www.traducistes.com/2011/09/asi-es-ser-tester-de-videojuegos.html ), sino para contaros mi experiencia.
El problema del contrato por obra y servicio:
El trabajo de tester suele ir de la mano de un contrato por obra y servicio que hace referencia a un proyecto (a veces a varios). Bien, ese proyecto lo suele desarrollar un estudio que tiene una forma de trabajar y unas fechas (muchas veces el plazo es escaso) con las que nosotros tenemos que cumplir. Esto implica que a menudo hay que hacer horas extra y renunciar al poco tiempo libre que te queda tras una jornada laboral de 8 horas, 1 hora para comer y 2 horas de transporte al trabajo por un sueldo medio, diría yo, teniendo en cuenta la especialización (al menos lingüística) que se necesita para el puesto. Quizá esto ya no suena tanto a “el trabajo de mi vida”…

– ¿Cómo compaginar el trabajo en plantilla y el trabajo de autónomo?
De pequeña mi madre siempre me decía que el que algo quiere algo le cuesta, y mi padre es del Atleti así que me inculcó eso de “sigue el camino difícil que la victoria te traerá mayor satisfacción”. Yo tengo bastante de emprendedora, y de cabezota, y de por mis narices cueste lo que cueste lo hago, así que este verano, a pesar de tener bastante volumen traduciendo en casa (aceptable, vamos), acepté el puesto de trabajo de Tester cuando me llamaron. Y ahí empezó mi estrés. El trabajo de un tester tiene un nivel mínimo de estrés, te quemas, como en cualquier trabajo, principalmente por trabajar en equipo, por disponer de poco tiempo libre, por los agobios de los plazos de entrega, por los temidos criticals y severes. Sin embargo yo estoy bastante acostumbrada a eso, es mi día a día. Este verano, por el contrario, me he visto sobrepasada y os lo cuento para que no lo hagáis. Yo tengo unos clientes a los que tengo que cuidar y no he querido descuidarlos en verano (menos mal que la cosa se para un poco en julio y agosto). Muchos días he llegado a casa y tenía 8000 palabras para traducir. Un volumen aceptable para repartirlo en 3 días, pero si tienes que ponerte después de llegar a casa y cenar para que no te dé un chungo y encima traducir una media de 2600 palabras. Os podéis imaginar el resto. Gracias a Dios esto no ha sido así todas las semanas.
Lo normal es hablar con el cliente y decirle que no estás disponible, pero era demasiado tiempo y yo en esta ocasión no he podido hacerlo.
Aun así no he faltado ni un solo día al trabajo y he ido a trabajar hasta en domingo. Y lo que es más importante, no me he retrasado en la entrega de ningún proyecto.

– Lo que se te pasa por la cabeza en esos momentos:
En esos momentos, en los que estás hasta arriba y piensas que no puedes más porque realmente no puedes más, por mi cabeza se pasaron muchos pensamientos, pero uno repetido: No me hice traductora por esto. Sin embargo, por eso estaba en esa situación, por intentar hacerme con un cliente nuevo, bueno, directo. Y entonces te preguntas si todo ese esfuerzo vale la pena o si quizá podrías haber conseguido la oportunidad que buscabas de igual forma sin tanto sacrificio. Es entonces cuando decides hablar con tu superior y decirle que sea como sea no te interesa renovar, que prefieres irte a casa. Entonces la gente se sorprende y te pregunta si estás loco: “¿Pero cómo vas a decir que no a un trabajo? Con los tiempos que corren…” Y entonces te tienes que parar a explicar que tienes otro trabajo, que quizá te da menos beneficios pero que te hace más feliz. Que llevas trabajando en tu propio negocio ya casi 2 años y que no quieres que todo se vaya al garete por 3 meses de verano en los que tu cuenta sube como la espuma, pero a la vez disminuye tu vida social, tu salud mental y física y tu buen humor. Y lo que es peor, tus ganas de seguir haciendo lo que realmente te gusta hacer.
La experiencia ha sido muy enriquecedora, tanto a nivel profesional como personal. He conseguido una prueba de traducción y he aprendido que hay que esforzarse pero no hay que sangrarse porque elegí no tener jefe para librarme de presiones absurdas y objetivos que me quitarían el sueño. Porque elegí ser traductora y tener mi propio negocio con todos los riesgos que ello conlleva, con la inestabilidad económica y con la satisfacción de conseguir un reto, un objetivo, un sueño que poco a poco se va haciendo cada vez más real.

De este verano, os recomiendo un libro para que saquéis al emprendedor que lleváis dentro: Coaching para emprender. Cambia tu rumbo. Despide a tu jefe. De Gregory Cajina.

Os cuento el final de la historia, un final por el que espero que mi sufrimiento haya valido la pena, en la próxima entrada.

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