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Me voy a comprar un traje.

febrero 28, 2012

El otro día estaba hablando con mi tía sobre una anécdota que me había ocurrido ese mismo día. Una agencia se puso en contacto conmigo, les ofrecí una tarifa mínima y la gestora de recursos humanos me dijo “lo siento, pero me temo que esa tarifa es demasiado alta para nosotros”.  Pues le estaba contando esto a mi tía y comentándole un poco la desazón que parece que cae sobre nuestra profesión (desazón que yo no comparto) y me dijo que cogiese un bolígrafo y que apuntase esta cita: “No hay casi nada en este mundo que alguien no pueda hacer un poco peor para venderlo más barato… Y la gente que sólo se fija en el precio constituye el grupo de sus víctimas naturales”.  Esto lo dijo John Ruskin en el S. XIX, así que no hay nada nuevo.

Por desgracia, hay muchas víctimas naturales de este tipo y lo peor es que hay gente que piensa que Google translate les va a solucionar la vida (algunos, que incluso nos sustituirá) y que pueden traducir sus certificados porque “saben” inglés y te dicen que te pasan la traducción para que tú le pongas tu sello. Ya estoy cansada de este discurso monótono y carente de valor, de conocimiento y de razón. Estoy harta.

Soy traductora. Para aquellos que no lo sepan he invertido muchos años (y mucho dinero) en APRENDER (con mayúsculas) uno o varios idiomas, he pasado 4 años en la universidad, he vivido en el extranjero, he hecho infinidad de cursos, soy traductor jurado, pago mi Seguridad Social y todos mis impuestos, estoy estudiando un máster que compagino con mi trabajo para aumentar la calidad de mis encargos porque eso es lo que ofrezco: un servicio profesional de calidad. Y este es el perfil de todos los profesionales que formamos esta profesión.

Al próximo que se atreva a cuestionarlo le contestaré con la maravillosa frase de John Ruskin, porque: Señores, ya está bien de escudarse en la crisis y de hacernos regatear tarifas como si estuviéramos en el mercado. Ya basta. ¿Al notario le regatean? ¿Al abogado le regatean? ¿Al gestor le regatean? ¿Regatean en el banco? No y ¿por qué no lo hacen? ¿Será por el traje y la corbata? Al fin y al cabo un traje y una corbata imponen y como yo traduzco en pijama, en chándal o en vaqueros… ¡Pues me voy a comprar un traje! Y ya estáis todos haciendo lo mismo.

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17 comentarios leave one →
  1. gloriaqq permalink
    febrero 28, 2012 1:19 pm

    Que bueno…¡
    yo también me compraré un traje porque también estoy harta!

  2. febrero 28, 2012 1:30 pm

    Suscribo todas y cada una de tus palabras. (Y espero que el traje sea metafórico. Si lo es, yo me uno encantada ;-)).

    Si las tarifas son demasiado altas, sesienteoiga: aquí no se trabaja gratis. En todo caso, eso lo hacen (o lo deberían hacer) los aficionados, que son precisamente eso: no profesionales.

  3. febrero 28, 2012 2:01 pm

    Qué bueno. Yo también tendré que comprarme uno, y buenísimo, porque si la gente se atreve con la lengua de Shakespeare, imagínate lo que pasa cuando les ofrece uno la corrección de un texto en el idioma que conocen desde siempre. Que para qué hace falta un corrector, si el Word ya lo hace solito. Y gratis.

    • febrero 29, 2012 1:15 pm

      Diles que si Word les corrige la frase: “Se simpático” y les dice que ese “Se” tiene que llevar acento.

  4. febrero 28, 2012 2:37 pm

    Hola, hace un par de días, contestaba exactamente lo mismo a un artículo de otro blog.
    Un servidor hace tiempo que se compró un traje y una corbata… 😉

    Si no, fíjaros en la foto de mi avatar… Aunque, ahora que lo dices, creo que es hora de comprarme un traje y una corbata nuevos. Entre traductores, tal vez podamos ir vestidos de forma informal, o de perroflauta, si nos apetece.

    Pero…¿entre clientes? No debemos olvidar tampoco que «somos empresarios» que debemos dar una imagen y, aunque el hábito no hace al monje, sí que abre muchas puertas…

    • febrero 29, 2012 1:26 pm

      Es verdad. Nunca hay que olvidar que «somos empresarios». Es algo que los traductores olvidamos fácilmente. Ayer fui a una charla y se habló de lo importante que es recordar que somos EMPRESARIOS.

  5. febrero 28, 2012 3:04 pm

    La verdad es que me da mucha pena que la profesión de traductor y también de intérprete sea tan invisible que hasta parezca prescindible y, por tanto, no se nos trata como debería. A veces me gustaría sentir tanta pasión como siento por este mundillo por otro ámbito más apreciado, en el que no necesitara “defenderme” de acusaciones de ignorantes/irrespetuosos que piensan en ti como un vago e iluso que pretende vivir de un hobbie.

    Ayer escuché en un video de youtube una frase muy cierta. La pronunció una intérprete y profesora de interpretación: “pensar que cualquiera que sepa inglés puede interpretar es como pensar que cualquiera con un termómetro puede ser médico.

  6. febrero 28, 2012 4:14 pm

    Te aplaudo la entrada. Sin embargo, al fontanero o al electricista no le regatean (o, al menos, no tanto) y no van con traje. A lo mejor la cuestión es llevar los pantalones bajos y que se vea la hucha 😉 O podríamos combinar el traje, con escote pronunciado y pantalón/falda baja para mostrar la hucha cuando nos demos la vuelta. Voy a patentarlo, que seguro que funciona. 😉

    Cada vez me doy más cuenta de que lo mejor que podemos hacer es dejar que esas empresas o clientes o traductores que cumplen lo que Roskin dijo se vayan comiendo las unas a las otras hasta que la última que sobreviva, debido a la energía desprendida por la absorción de las demás, acabará absorbiéndose a sí misma como si de un agujero negro se tratase hasta que desaparezca. Es mejor, pues, utilizar nuestras energías en atender a aquellos clientes que sí se lo merecen.

    • RusB permalink
      febrero 29, 2012 2:12 am

      ¡Qué bueno! Justo hoy hablaba con mi madre del fontanero y del electricista, a los que nadie pregunta si están trabajando una vez que dicen a qué se dedican. La hipótesis de mi madre es que ellos salen de casa cada día con el mismo horario,así que después de su respuesta y de leer esta entrada puede que cada mañana me dé una vuelta a la manzana con un cartel pegado a mi traje nuevo en el que anuncie que mi jornada laboral empieza en diez minutos,a ver si todo el mundo se entera ya de que lo nuestro es una profesión (y muy digna).

    • febrero 29, 2012 1:29 pm

      Sí hay que cuidar a los clientes que sí que nos quieren. RusB sería muy gracioso lo del cartelito jejeje.
      Un beso para las dos. 🙂

  7. Aída Ramos permalink
    febrero 28, 2012 9:29 pm

    No podría estar más de acuerdo. Hoy mismo me han hablado de una agencia que paga a sus traductores la friolera de TRES céntimos/palabra en la combinación inglés-español, escalofriante. Habría que ver qué les dan a cambio de esa millonada…

    • febrero 29, 2012 1:31 pm

      Cada uno debe valorar la rentabilidad de las tarifas que cobra… Si eres capaz de traducir 800, 900 o 1000 palabras a la hora igual los tres céntimos son rentables, pero vamos… En fin, a ese tipo de cosas se dice que NO y punto.

  8. febrero 29, 2012 12:29 am

    Muy cierto todo lo que dices. La verdad es que eso del regateo yo tampoco acabo de entender de dónde sale. ¿Quién lo puso de moda? xD En todas las profesiones siempre hay alguien que te ofrece “lo mismo” por menos… pero no regateas. Yo comparo precios en una tienda y en otra, y allí donde más me interesa (por bolsillo o por calidad) es donde acabo yendo. Entiendo que los clientes tienen también su derecho a pedir presupuestos a diferentes traductores, pero es verdad que toca mucho la moral que te digan: “Es que son unas tarifas muy altas. Yo puedo ofrecerte X”. ¡Ni que traducir fuese el mercadillo! Yo también me apunto la frase de John Ruskin.

    • febrero 29, 2012 1:34 pm

      Eso es. Una cosa es negociar y otra regatear, porque lo que se hace ahora es regatear… Esta es una profesión liberal, cada cual puede cobrar lo que quiera, pero es que ahora no te dejan decidir lo que quieres cobrar, te lo imponen, algunas empresas… Otras te meten en la base de datos con la tarifa que les has dicho y si les llega algún proyecto en el que el presupuesto les permita pagarte tu tarifa, te llaman. Lo que no veo bien es que te digan nuestra tarifa es X. ¿Es X para médica, para científica, para organismos, para automoción, para software, para jurada? Es X para todo, porque todos los textos son iguales… Eso me pone muy nerviosa.

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